
Poesía
Cambio de planes
Por Daniel Rodríguez Moya
GUARDADO EN LOS BOLSILLOS TEMPORADA DE LLUVIAS EL ÁRBOL Todavía me duele Qué suerte la tuya de estar muerto Carlos Fonseca, Daniel Rodríguez Moya (Granada, 1976) es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y periodista. Ha publicado tres libros de poemas: Oficina de sujetos perdidos (Fundación García Lorca y Universidad de Granada, 2002), con el que obtuvo el Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada, El nuevo ahora y Cambio de planes (Visor, 2008). Dirige el Festival Internacional de Poesía de Granada y colabora en publicaciones como Cuadernos Hispanoamericanos, La Estafeta del Viento o Carátula. Actualmente se encuentra preparando una antología de poesía nicaragüense del siglo XX que aparecerá en la editorial Visor. Los poemas seleccionados pertenecen al libro Cambio de planes.
Te dije que el océano
es un minuto azul sobre una eternidad,
un lento respirar,
una brecha en el tiempo del que espera.
Aún llevo en los bolsillos
un fragmento de abrazo y de silencio,
una voz que es tu nombre,
un puñado de arena que escapa entre los dedos.
Te dije que el invierno
es un camino blanco y un andar en luz tibia,
los rumores de un puerto,
el viajero que aguarda las llamadas.
Aún llevo en los bolsillos
el sabor de los mangos y el jocote,
la mirada de un niño,
un temblor como un beso, un billete de vuelta.
Ya no temes la noche como cuando eras niña.
Ahuyentas los fantasmas
con naturalidad,
como amanece siempre.
También hoy ha llovido.
La calle, que es de barro y de pisadas,
de tormenta que insiste
y asoma por las mismas cordilleras,
se ha llenado de charcos.
Es día laborable
y nada extraordinario:
la caída de un ángel en la playa,
la llegada de John, el marinero
que prometió su vuelta a Lidia.
Por un momento vuelves la mirada,
te detienes
en busca del que espera
sentado bajo el quicio de una puerta
por la que ya no pasas.
Mañana volverás a ver la lluvia.
Es cuestión de rutina y de pronósticos.
la herida de la tierra que anegada
pisabas hasta ayer,
las casas y el olor de la hojarasca.
El miedo que a los niños ya no asusta
es un volcán acostumbrado.
La noche se convierte en continente
y sabes que a este cielo
le faltan más estrellas que miradas.
Si rechazas las voces que amenazan tu sueño
y descubres que ahora
la lluvia sólo sirve de pretexto
para vivir un tiempo con ese diapasón
verás que a las tormentas
yo las miro de lejos,
como se mira a un niño y su tristeza.
No temas dar la espalda a las contradicciones,
vivir consiste en eso.
Hay un árbol que crece sin temor a la altura.
Abracémoslo.
No impide la maleza acariciar el cielo.
MANAGUA, PLAZA DE LA REVOLUCIÓN
que la tierra te proteja y te ciegue.
(Gioconda Belli)
Se mira bello el cielo esta tarde de julio.
No amenazan las nubes, nos respeta la lluvia.
La vieja catedral en pie como un milagro
ya no sirve de fondo para los noticieros:
Nadie lanza consignas, nadie eleva banderas.
Los hombres que descansan bajo los chilamates,
los niños que se acercan para pedir monedas.
El calor y los buses amarillos,
el vendedor de fresco en la parada,
los taxis sempiternos con paciencia de siglos.
Managua sin canciones,
sin himnos que ya son
vencidas partituras de la historia.
Pasa un carro a lo lejos y un parlante recuerda
una gran bacanal de aniversario:
Es mejor el silencio que los sueños que un día
parecían posibles.
Las palabras que pierden el calor y la vida
no sirven esta tarde.
Digo revolución y me respondes:
No fue más que un destello,
una noche de fuego, tantos años de humo.
- RSS
- Comparte
- ');

- ');

- ');

- ');

- ');

- ');

- ');

- ');

- ¿qué es esto?



