
Ensayos
La ingeniería del agua y el medio ambiente
Por Juan Guillamón Álvarez. Ingeniero de Caminos
La Naturaleza y los ingenieros de caminos. Es una frase recurrente (lugar común demasiado citado) la existencia de la visión ingenieril de las cosas como expresión que conlleva un tinte peyorativo para entender las vicisitudes de la Naturaleza. Este calificativo (ingenieril) supone una propuesta muy radical de los conservacionistas, los ecologistas y, en general, del mundo que entiende la Biología como ciencia superior y contraria a la Ingeniería, y que en lo profundo supone todo un desprecio para la labor de los ingenieros. Parece oportuno reivindicar el papel de los ingenieros de caminos como hacedores de algo absolutamente necesario para el individuo: la Ordenación del Territorio mediante criterios rigurosamente sostenibles para que, en modo alguno, la vida de aquél no sea una constante tragedia, pues si la Naturaleza tuviera la condición de ser inalterable en todas aquellas facetas que tuviera relación con hombres y mujeres, se derivaría la imposibilidad de que ellos pudieran desarrollar sus funciones como seres vivos e inteligentes. Desde el punto de vista contrario, los ingenieros son elementos claves para construir un mundo sostenible, pues el mañana, el mañana sostenible, precisará de más agua, más alimentos, energía e infraestructuras para poder producir, administrar y gestionar los recursos que van a ser demandados: embalses, trasvases, desaladoras, depuradoras, centrales energéticas, vías de comunicación, telecomunicaciones y una correcta ordenación del territorio constituyen la tarea que tienen por delante si queremos que nuestros descendientes disfruten de las bondades de nuestro presente. La ingeniería (y, en particular, la Hidráulica) es la gran aliada de la Ordenación del Territorio. Los ingenieros de caminos, canales y puertos están llamados a representar un papel trascendental en este siglo XXI que comienza. Es muy preocupante la confusión que existe entre las categorías científica y política porque, sobre todo en estos últimos tiempos, se han venido entrelazando sin reparo alguno. Sucede que la Ciencia establece sus bases sobre la incertidumbre y es siempre positiva, por más que contenga aspectos empíricos de necesaria asunción. Sin embargo, la Política establece todas sus propuestas sobre bases absolutas y como sucede que es necesario someter tales decisiones a determinadas formulaciones científicas, nos encontramos con que lo absoluto toma su valor precisamente cuando se fundamenta en términos de incertidumbre. Es éste un peligro que la sociedad democrática avanzada debe rechazar y para ello la titulación de ingeniero de caminos puede ayudar mucho, pues constituye una buena base, heredada de la labor que realizaron todas las generaciones anteriores, desde hace ya más de 200 años, para afrontar los retos del futuro. Debemos insistir en que la gran aliada de la Ordenación del Territorio y por ende su Sostenibilidad es la ingeniería. Hay que hacer frente a la presión de aquéllos que consideran las infraestructuras crueles agresoras de todo lo natural, cuando por lo general las propuestas de los ecologistas radicales no van más allá de enarbolar la bandera de la Alternativa Cero, la de no hacer nada con tal de mantener la Naturaleza tal cual, como sí ésta no necesitara de retoques y acondicionamientos indispensables para la vida humana. Y no se olvide, la Naturaleza le hubo sido dada por Dios al hombre para su uso, disfrute y conservación. Inundaciones, sequías y, en general, las denominadas catástrofes naturales, hacen necesaria la actuación del hombre para corregir sus efectos negativos, siempre pensando en que la función del ingeniero tiene por objeto hacer que la vida cotidiana del ciudadano no sea una constante tragedia. Así es que merece la pena observar las interacciones hombre-naturaleza de un modo objetivo, sin prejuicios ni imposiciones provenientes de gurús naturalistas, cuya prepotencia, al fin y al cabo, acaba siendo expresión de ignorancia e imprudencia. Feynman, físico con atisbos filosóficos de verdadero interés, afirmaba que la humildad del científico debe ser el pivote sobre el que gire cualquier tipo de descubrimiento y por eso nos cuenta que “lo que no está rodeado de incertidumbre, no puede ser verdad”. La humildad científica del ingeniero debe darse por descontado. De todo lo anterior se deduce que es muy lícito (e ineludible) corregir la Naturaleza. Y es eso lo que se enseña en las escuelas de ingeniería de caminos. El Agua: política hidráulica, ciencias hídrica e hidrológica.











