
Poesía
Mientras tanto dame la mano
Por Kirmen Uribe. Editorial Visor
La heroína es tan dulce como hacer el amor, decía ella en otro tiempo. Los médicos dicen que no ha ido a peor, día va día viene, y que nos lo tomemos con calma. Hace un mes que no ha vuelto a despertar, desde la última operación. Y sin embargo seguimos visitándola todos los días en el sexto box de la unidad de cuidados intensivos. Al entrar, el enfermo de la cama de enfrente lloraba, no ha venido nadie a visitarme, le decía a la enfermera. PÁJAROS EN INVIERNO Nuestra misión era salvar a los pájaros, salvar a aquellos pájaros atrapados en la nieve. La mayoría los encontrábamos cerca de la playa, protegidos por el negro mar. Los pájaros también eran negros. Los sacábamos de su escondite y los llevábamos a casa metidos en los bolsillos. Pájaros diminutos que apenas cabían en nuestras pequeñas manos de niño. Luego, los poníamos junto a la calefacción. Pero los pájaros duraban muy poco. En dos o tres horas morían. Nosotros no entendíamos por qué, no entendíamos porqué eran tan desagradecidos. Y eso que les dábamos de comer migas de pan mojadas en leche y les preparábamos la cama con bufandas de colores. En vano, se morían enseguida. Nuestros padres, enfadados, nos decían que no lleváramos más pájaros a casa, que se morían por exceso de calor, y que la naturaleza es sabia y que llegaría otra vez la primavera con sus pájaros. Nosotros dudábamos por un momento, quizás nuestros padres tengan razón. Sin embargo, al día siguiente volvíamos a la playa una vez más, a salvar a los pájaros, aún sabiendo que nuestro esfuerzo no tenía sentido, que era tan inútil como aquellos copos de nieve que caían al mar. Y los pájaros seguían muriendo, aquellos pájaros morían. FALSA ACACIA Una fría tarde de marzo. Los jardineros hicieron bien su trabajo. Podaron las acacias, recogieron las ramas. Caminamos entre los árboles mutilados. Nubes de aluminio, escáner de materia negra. Hasta hace poco las ramas de las acacias estaban unidas entre si, pienso yo. Ya no me sabes querer, piensas tú. Nunca uno sólo tiene la culpa de todo. Una fría tarde de marzo. Es este invierno, que no nos quiere dejar. UN LIBRO Un día mi madre me llevó al mercado.











