
Breviarios
Cataluña en España. Una mirada desde 2009
Por Pedro Antonio Heras. Historialdor
Cataluña en España. Una mirada desde 2009 Pedro Antonio Heras Caballero. Historiador. En Cataluña hay grandes diferencias entre las apariencias –expresadas por los políticos– y la realidad social, suma de los ciudadanos catalanes. Podríamos comenzar por preguntar el porqué de su poco interés por participar en elecciones que no sean nacionales. Comparen el porcentaje de participación en las autonómicas y generales. ¿Dónde está el interés y el desinterés? ¿Y el clamor “popular” por el nuevo Estatuto? La abstención en él fue superior a la participación. ¿Y la Cataluña europea epítome de todo el progreso habido y por haber? En las europeas, si en toda España votó el 46%, aquí sólo, el 37,5%. ¿Dónde están los votantes? A esto deben responder aquellos que van advirtiendo y amenazando de agravios contra Cataluña y clamores contra España. Los políticos catalanes ocultan su inepcia bajo una densa capa de victimismo, narcisismo y buenismo. La corrupción –¿qué se hizo de la denuncia parlamentaria del 3%?–, el derroche de los grandes recursos financieros, las dudas y los errores en las infraestructuras: AVE, conexión eléctrica con Francia, aeropuerto, IV cinturón, insuficiente red de metro. No son responsabilidad del Gobierno central. Todo el estancamiento tiene su origen en las diferencias entre la Generalidad pujolista y el Ayuntamiento socialista de Barcelona, y la decisión pujolista de disolver la Corporación Metropolitana en 1987 para frenar la influencia socialista. En esta resistencia nacionalista por reconocer la Cataluña real, se coció el definitivo desenganche en la pugna por el liderazgo de Barcelona respecto a Madrid. Son procesos que se notan a medio y largo plazo. La parálisis e inepcia actual es el peaje del Tripartito a las supersticiones ecológicas de algunos de sus miembros. Hoy la responsabilidad es de los políticos al no querer saber nada de los aspectos negativos de la vida en sociedad. El delirio de aquella política barcelonesa que define a Barcelona como la ciudad más vanguardista del mundo por tener el porcentaje mayor de parejas de hecho sin vivir en matrimonio, mayor número de divorcios, ser la capitalidad mundial del movimiento antiglobalizador y okupa, nos dicen a las claras en qué dirección miran los que nos gobiernan: mantener las fantasías ideológicas, negar y abandonar la realidad. Si observamos la situación en diversos tableros, la realidad no engaña a quien sepa leerla: Iniciativa económica. ¿Qué quieren ser la mayoría de los jóvenes en Cataluña? Funcionarios, y en mayor proporción que en Madrid, espejo en que siempre se miran los nacionalistas y asimilados. Hoy, por diversas causas, Cataluña no atrae materia gris con alto valor añadido, y el sistema escolar está en las últimas posiciones autonómicas. Como ejemplo está que los sudamericanos en edad escolar obtienen peores resultados –10%– que en el resto de España. Símbolos emocionales. En Cataluña existe una contenida pero extensa violencia simbólica hacia lo que genéricamente se entiende por español. Pintadas –Puta España–, quema de fotos del Rey, ataques a los que defienden el bilingüismo, insultos a periodistas y profesores –Arcadi Espada, F. De Carreras, F. Caja– que cuestionan los dogmas nacionalistas. Se excluye la bandera nacional de los ayuntamientos, se queman muñecas vestidas de sevillanas, se pita de forma subvencionada y organizada el himno nacional en la final de la Copa del Rey. Todo esto no es compartido, ni mucho menos, por la mayoría. Pero sí es cierto que los separatistas imponen sus banderas y excluyen símbolos de signo nacional en reuniones ciudadanas y actos públicos. Cuando los ciudadanos, sin presiones, han de demostrar sus adhesiones, la cosa varía: ahí está el clamoroso fracaso nacionalista en querer eliminar la E de las matrículas y sustituirla por el CAT; por no hablar del cada vez menos presente burrito, símbolo simpático, plateresco, que los nacionalistas menos cultivados han querido imponer en los vehículos. Claro está que cuando Rubianes se desohogó contra España, en TV3, y hubo quejas, la Sra. C. Chacón afirmó: Todos somos Rubianes. Es el peaje que algunas y algunos tienen que pagar. Es fácil imaginar la de misas en Montserrat y otros actos “litúrgicos-civiles” que se hubiesen producido si alguien en otra televisión hubiera dicho lo mismo sustituyendo España por Cataluña. Sólo tenemos que recordar el calvario y las forzadas y repetidas excusas que hubo de pedir el diseñador J. Mariscal por sus irónicas declaraciones sobre el exceso de catalanes en Cataluña, antes de la aprobación de su proyecto de mascota para los Juegos del 92. En 1907, en Barcelona, Francisco Jaume en El separatismo en Cataluña. Crítica del catalanismo según los hechos, escribía: «Se provoca constantemente a los castellanos, y si alguno de éstos, cansado de soportar, responde enojado alguna frase contra Barcelona o Cataluña, se copia esta frase, y se dice: ¡Ved, catalanes, como somos odiados por los castellanos! Insistiendo uno y otro día han conseguido acreditar ante muchos que somos odiados por los castellanos y disimular que son ellos los que odian». La violencia simbólica ejercida y permitida por los nacionalistas no puede ocultar que la Feria de Abril sea el acto social que congrega más personas en Cataluña; o que los seguidores del R. Madrid y del Español –a pesar de tenerlo todo en contra– sean tan numerosos, aunque se noten menos, como los del Barça.











